Narcotráfico:
La
guerra contra las drogas cumple 100 años
Se cumple el centenario de la firma
del primer tratado internacional contra las drogas; hoy se da por
hecho que los gobiernos cooperan en la lucha contra el tráfico, pero
no ocurría lo mismo en 1912
Hace cien años, las drogas pasaban con facilidad de un país a otro sin
que las autoridades interpusieran grandes obstáculos. Todo empezó a
cambiar con la Convención Internacional del Opio, por la que los
países firmantes se comprometieron a detener el comercio de opio,
morfina y cocaína.
Entonces, como ahora, Estados Unidos representaba la avanzada de la
ofensiva contra los narcóticos. Mientras, Reino Unido, la potencia
hegemónica durante el siglo XIX, firmó con poco entusiasmo aquel
tratado, según Mike Jay, autor de Emperadores de Sueños: drogas en el
siglo XIX.
Hace un siglo la inquietud principal era el alcohol, explica. "Había
un gran debate sobre la intoxicación ya que preocupaba la costumbre de
consumir ingentes cantidades de alcohol, muy extendida en el siglo XIX".
La ambigüedad respecto al opio era comprensible. Reino Unido había
librado dos guerras a favor del comercio de opio en el siglo XIX, en
las que consiguió que China no restringiera su importación.
Y el consumo de opio era visto a mediados del siglo XIX de manera muy
diferente a la actual. Era posible entrar en una farmacia y comprar no
solo opio y cocaína, sino incluso arsénico.
Si fuera posible visitar uno de los grandes puertos británicos del
siglo XVIII o XIX, podríamos ser testigos de la llegada de opio en el
cargamento ordinario.
En febrero de 1785, el periódico The Times informó de la descarga en
Londres de opio procedente de Esmirna (Turquía), junto con petróleo de
Livorno (Italia), y guisantes de Gdansk (actual Polonia).
Modas
En el siglo XIX, el opio era consumido a menudo por sus propiedades
anestésicas.
Los cortesanos de la Reina Victoria podían conseguir opio en la botica
real. Se cree que la reina tomó goma de mascar de cocaína con el joven
Winston Churchill, y también que el primer ministro William Gladstone
(que gobernó en varias ocasiones entre 1868 y 1894) tomaba opio en el
té o café antes de pronunciar discursos importantes.
El opio, procedente de China era fumado en Reino Unido como droga de
ocio. Se generó un mito en torno al mundo de los antros de opio, donde
la aristocracia podía encontrar vicio en abundancia.
"Había antros de opio en los que uno podía comprar el olvido, antros
de horror en los que el recuerdo de viejos pecados podía ser destruido
por la locura de pecados que eran nuevos", escribió Oscar Wilde en "El
retrato de Dorian Gray".
Pero con el tiempo la moda cambió y los consumidores comenzaron a
preferir la estimulación de la cocaína a la sedación del opio.
Sherlock Holmes, creado entonces por Arthur Conan Doyle, tenía el
hábito de inyectarse cocaína.
Marek Kohn, autor de Chicas de la droga: el nacimiento de la cultura
clandestina de las drogas en Reino Unido", cree que el detective
Holmes refleja la idea de que la cocaína era para gente "cerebral y
muy nerviosa" que necesitaba estimulación constante.
Tomar cocaína era un "defecto personal" pero no una señal de la
perversión con la que se asociaría más tarde a las drogas.
Pero en Estados Unidos la cocaína era asociada con bandas callejeras y
la propaganda racista decía que la droga volvía locos a los negros y
ponía en peligro a las mujeres.
Así que esas preocupaciones domésticas impulsaron el acuerdo
internacional de 1912. Pero en países como Reino Unido las autoridades
actuaron contra el comercio y no contra los consumidores.
Cuando estalló la I Guerra Mundial, el opio y la cocaína eran aún
legales en Reino Unido.
El punto de inflexión en Reino Unido se produjo un año después del
comienzo del conflicto, según Kohn. Se temía que la cultura del
alcohol dañaría el esfuerzo bélico y como consecuencia se endureció la
legislación de venta de alcohol.
La consecuencia indeseada fue la aparición por primera vez de un
submundo de consumo de drogas, explica Kohn. Un reducido grupo de
comerciantes del distrito teatral de Londres quedó fuera de la ley y
surgió un ambiente en el que se solapaban opio, cocaína y
prostitución. En un momento en que Londres era lugar de paso para
tantos soldados, no debe sorprender que las leyes de emergencia
prohibieran el consumo de las drogas.
Sobredosis
En los años de la inmediata posguerra, la inquietud aumentó, atizada
por unos medios de comunicación ávidos de escándalos.
Algunos de ellos pueden resultar familiares a los consumidores de
noticias actuales: jóvenes actrices que mueren de sobredosis en
fiestas clandestinas y que son relacionadas con individuos de dudosa
reputación.
Un par de casos sonados de este tipo fortaleció la idea de que la
cocaína era una seria amenaza para las mujeres jóvenes e inocentes.
Pero tan pronto como el pánico alcanzaba su punto máximo, se disipaba.
En realidad, en aquellos años no había una "cultura de las drogas" en
Reino Unido y el problema era fácilmente controlado por la policía,
explica Jay. "En la Gran Bretaña victoriana
abundaba el opio pero no se fumaba en un tugurio, sino que se compraba
en una farmacia como un líquido viscoso. Los antros de opio eran por
lo general construcciones ficticias propias de las historias de
Sherlock Holmes y las novelas de Oscar Wilde", apunta Jay.
Hoy, con la eficacia de las medidas antidrogas en continuo
cuestionamiento, parece curioso que el tratado de 1912 fuera eficaz. A
nivel interno, la policía británica dominaba la situación.
El gran cambio de actitud respecto a las drogas
se produce en Occidente después de la II Guerra Mundial, continúa Jay.
"Los baby boomers [nacidos tras la guerra] fueron la primera
generación de la historia que realmente se convirtieron en
consumidores globales. De repente, muchos de ellos se iban a Marruecos
a fumar hachís o hacían autoestop con camioneros que se drogaban con
anfetaminas".
De ese modo, se abrieron las compuertas. Mientras que hubo un tiempo
en que las autoridades luchaban contra grupos de delincuentes
relativamente pequeños, ahora combaten contra consumidores y poderosos
carteles internacionales.
Tomado del web site de La Nacion ,
www.lanacion.com.ar ,
Gracias!
Publicado en
http://www.forodeseguridad.com/artic/discipl/4198.htm