Héroes de cada día
Arriesgan su seguridad por la de otros,
pero no se sienten seres extraordinarios
Por Efraín Castillo
Arriesgan su seguridad por la de otros, pero no se sienten seres
extraordinarios. Un rescatista, un bombero y un policía le contaron a
Estampas qué significa salvar vidas y ser padres ejemplares.
"Estoy sembrando solidaridad en mis hijos"
Enrique
Martín, rescatista, ha
ayudado a salvar la vida de cientos de personas en operaciones aéreas,
terrestres y marítimas. Sin embargo, desde que es padre, tiene un
especial aprecio por su trabajo. "Cada ser humano que rescato es como si
fuera mi hijo, porque sé lo importante que es la familia", dice.
Enrique Martín ingresó a la Organización Rescate Humboldt (una de las
más antiguas del país) cuando tenía 15 años. A lo largo de 35 años de
carrera ha participado en operaciones que van desde el rescate del
cadáver de Renny Ottolina hasta la búsqueda de turistas estadounidenses
atrapados en un tepuy. En el fondo, todos los casos tienen el mismo
significado para él: servir a los demás. "Soy un hombre religioso y
siento que Dios me encomendó la misión de ayudar a las personas. Además,
estoy convencido de que cuando ayudas a otros, siembras una semilla que
siempre genera buenos frutos".
¿Cuál es la mayor satisfacción de un rescatista?
"La de servir a las personas que lo necesitan, la tranquilidad de lograr
que una persona pueda encontrarse con sus familiares, incluso, cuando no
logramos rescatarlos con vida.".
Por eso Enrique Martín recuerda con emotividad una ocasión en la que
tuvo que entregarle a una mujer el cadáver de su nieto recién nacido,
luego de un accidente aéreo ocurrido en Barinas. "La señora se me acercó
y en medio de su tristeza me dijo 'gracias por traerme a mi familia'.
Cada vez que recuerdo eso se me aguan los ojos". Martín tiene dos hijos,
de 17 y 14 años, y está casado desde hace más de 20 años. Son muchas las
ocasiones en las que ha tenido que suspender celebraciones de navidad,
año nuevo o día del padre por una operación de rescate. Sin embargo,
cree que su familia es el principal motor de su trabajo. "Cuando me
llaman y me dicen que hay una persona que está a la deriva, en ese
momento es como si fuera mi hijo, mi esposa o mi mamá. Por eso actúo y
reacciono con diligencia, porque si yo pasara por una situación similar
me gustaría que hubiera 10 mil venezolanos haciendo lo mismo para
devolverlos a sus hogares con bien".
¿Qué valores cree está sembrando en sus hijos?
"La solidaridad, el valor de ayudar a los demás sin pedirles nada a
cambio. El hacerles entender que la vida de un ser humano es importante,
sea quien sea. Además, estoy tratando de sembrar la pasión por hacer las
cosas de la mejor manera, estudiando, preparándose".
¿Usted siente que es un héroe de la vida real?
"Yo no soy héroe. Héroes son las personas que enfrentan situaciones de
emergencia y logran sobrevivir con fuerza de voluntad . Mi trabajo sólo
es ayudarlas a salir de esa situación. Los rescatistas sólo somos
humanos, que luchamos y hacemos lo que podemos".
Lo cierto es que con o sin heroísmo, Enrique Martín ha aprendido a
apreciar la vida, sobre todo porque ha visto muy de cerca el rostro de
la muerte. "Cuando me levanto en la mañana, lo primero que hago es dar
gracias a Dios porque estoy vivo, porque tengo a mi familia, y por eso
salgo a luchar por construir algo en favor de todos. Todos los días
entiendo que tenemos que ser ejemplo para nuestros hijos y ayudar a los
que nos rodean".
El Superman de los Martín
"Para mí es como un Superman" es lo primero que dice el hijo mayor de
Enrique Martín, quien lleva su mismo nombre. "No son muchas las personas
que dedican su vida a salvar a otras". Lo mismo piensa Daniel, el menor
de 14 años, quien además siente que su padre es un ejemplo a seguir. "Él
es quien me ha enseñado a apreciar lo que tengo y a ayudar a la gente
cuando más lo necesita". Ambos tienen palabras para homenajear a su
progenitor. "Gracias por ser un hombre excelente -apunta Enrique.
Gracias por ser un padre digno de admirar. Ojalá todas las personas
sepan apreciar tu trabajo y puedan ver tu bondad como ser humano".
Daniel complementa con una frase corta: "Gracias por todo lo que me has
dado, por la vida y por tu amor. Te quiero mucho"
"Quiero que mis hijos sean mejores que yo"
Carlos Vargas. Policía
Tiene 34 años como policía y cuatro hijos, de los cuales dos trabajan
con él y una ya tiene la idea de seguir sus pasos. Para el subdirector
de la Policía de Chacao, en cada operativo se convierte en padre de
todos los funcionarios a su cargo.
Y es que la familia del comisario Carlos Vargas se está convirtiendo en
una casta policial. Sus dos hijos varones, Carlos Enrique (31) y Carlos
Jesús (24) son funcionarios de Polichacao y le rinden cuentas no sólo
como subalternos sino como padre. Vargas siente que después de que ellos
ingresaron a esta profesión, ve su oficio con otros ojos. "Cuando
tenemos que hacer un procedimiento y sabemos que hay peligro, trato de
llevar la batuta y cuidar todos los detalles, porque pienso en mis hijos
y sé que ellos pudieran estar en un procedimiento similar. Cuando estoy
en mi trabajo no sólo soy padre de mis hijos sino de todos los
funcionarios. Por eso trato de planificar las cosas muy bien, para
salvaguardar la vida de los funcionarios y de los ciudadanos".
El comisario Carlos Vargas asegura que no pudiera haber hecho algo
distinto al oficio de policía. De hecho, no se imagina sin el uniforme,
aunque a sus 52 años pronto podría llegarle el retiro. "A veces siento
nostalgia, porque no sé qué haré cuando venga la jubilación. A mí me
gusta patrullar por la ciudad, hablar con la gente. Combatir el delito
me llena de energía, me da alegría, me emociona. Más que un trabajo,
esto es una vocación".
De hecho, para Vargas el mayor premio de su labor está relacionado con
la seguridad de los otros.
"Para mí es una
gran satisfacción cuando vemos que en una semana se reduce el número de
delitos en este municipio. Y no sólo es una alegría para mí sino para
todos los funcionarios, porque es resultado de la planificación y
aplicación de técnicas que hemos aprendido en pro de los ciudadanos".
"Soy padre y siento temor por mis hijos, pero no se los demuestro porque
tengo que dejar que sigan su propio camino como policías" Como padre,
Vargas también se siente satisfecho del camino escogido por sus hijos,
aunque cuando se lo dijeron se "hizo el loco" un tiempo. "Soy padre y
siento temor, pero no se los demuestro, porque sé que tengo que dejarlos
seguir su propio camino como policías. Además, fue una gran alegría
verlos graduarse.
Yo mismo les entregué el diploma y eso me hizo sentir orgulloso". Un
orgullo que no le impide ser estricto dentro y fuera del cuartel, porque
dice que el ejemplo es el mejor consejo. "A veces paso la raya, porque
les hago algunas observaciones con severidad. Ellos tienen que hacer las
cosas incluso mejor que los demás, porque tienen un talón de Aquiles:
son hijos de su superior y si tienen un mal comportamiento, no sólo los
critican a ellos sino también a su padre".
¿Qué valores ha sembrado en sus hijos?
"Moral y respeto hacia los demás. Además, he tratado de inculcarles el
amor por la familia, porque este trabajo absorbe y uno tiene que buscar
aunque sea un ratico para estar pendiente de los suyos, para que sepan
que su padre está allí".
¿Usted les pediría a sus hijos que dejen la profesión? "No creo, porque
sentirían que yo no los apoyo. Si ellos son policías es porque les gusta
y si están arriesgando la vida por la seguridad de otros, espero que
ellos sean mejores que yo".
El ejemplo de los Carlos
Desde niños vieron a su padre uniformado y quisieron parecerse a él. Los
dos varones del comisario Carlos Vargas coinciden en que es su
inspiración. "De chamo me disfrazaba de Rambo o de vaquero, jugaba con
pistolas de plástico, me ponía las botas de mi papá", dice Carlos
Enrique, el de 31 años, 11 de los cuales los ha pasado en Polichacao.
"Es el ejemplo que me ha guiado a lo largo de la
vida. Es estricto como jefe, pero es amigo y puedo confiar en él",
agrega Carlos Jesús, quien ya tiene tres años como funcionario en el
mismo organismo.
Mientras tanto, un tercer Vargas se prepara para unirse a este clan
policial: la hija de 15 años del comisario.
"Quiere estudiar criminalística, pero yo sé lo difícil que es este
trabajo, sobre todo para una mujer. Sin embargo, sé que es testaruda y
lo va a hacer".
Este artículo, cuyo autor es
Efraín Castillo, fue tomado
de
http://www.desastres.org/
. Gracias Colegas!
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