La
guerra de los tres billones de dólares
El costo disparatado de una
guerra que ha tenido sólo dos vencedores: las
compañías petroleras y los contratistas para la defensa
Por Joseph E. Stiglitz
Los americanos
gustan de decir que no existe un almuerzo gratuito y tampoco -hemos de
añadir- una guerra gratuita. Los EE.UU. -y el mundo- pagarán su
precio durante decenios por venir.
Como el 20 de marzo se cumple el quinto aniversario de la invasión del
Iraq encabezada por los Estados Unidos, ya es hora de hacer balance de
lo ocurrido. En nuestro nuevo libro La guerra de los tres billones de
dólares, Linda Bilmes, de la Universidad de Harvard, y yo calculamos por
lo bajo el costo económico de la guerra para los Estados Unidos en tres
billones de dólares y para el mundo otros tres billones de dólares...
muy superiores a los calculados aproximadamente por el gobierno de Bush
antes de la guerra. El equipo de Bush no sólo engañó al mundo sobre los
posibles costos de la guerra, sino que, además, ha intentado enturbiar
los costos, mientras ésta seguía.
No es de extrañar. Al fin y al cabo, el gobierno de Bush mintió sobre
todo lo demás: desde las armas de destrucción en gran escala de Sadam
Husein hasta su supuesta vinculación con Al Qaeda. De hecho, sólo
después de la invasión encabezada por los EE.UU. pasó a ser el Iraq un
caldo de cultivo para terroristas.
El gobierno de Bush dijo que la guerra costaría 50.000 millones de
dólares. Los EE.UU. están gastando esa cantidad en el Iraq cada tres
meses. Si situamos esa cantidad en su marco, resulta que por una
sexta parte del costo de la guerra los EE.UU. podrían dotarse de una
base económica sólida para su sistema de seguridad social durante más de
medio siglo, sin reducir las prestaciones ni aumentar las
contribuciones.
Además, el gobierno de Bush redujo los impuestos a los ricos al tiempo
que se lanzaba a la guerra, pese a tener un déficit presupuestario. A
consecuencia de ello, ha tenido que recurrir a un exceso de gasto
público -gran parte de él financiado desde el extranjero- para sufragar
la guerra.
Se trata de la primera guerra de la historia americana que no ha
exigido algún sacrificio a los ciudadanos mediante un aumento de los
impuestos: al contrario, se va a legar todo el costo a las generaciones
futuros. Si no cambia la situación, la deuda nacional de los EE.UU.,
que ascendía a 5,7 billones de dólares cuando Bush llegó a la
presidencia, será dos billones de dólares mayor por la guerra (además
del aumento en 800.000 millones de dólares durante el período de Bush
anterior a la guerra).
¿Se trató de un ejemplo de incompetencia o de falta de honradez? Casi
seguramente de las dos cosas. Conforme a la contabilidad de caja, el
gobierno de Bush se centró en los costos actuales y no en los futuros,
incluida la atención de salud y de invalidez de los veteranos de regreso
a casa. Sólo años después de haber comenzado la guerra, encargó el
Gobierno los vehículos especialmente blindados que habrían salvado la
vida a las numerosas víctimas por las bombas situadas al borde de las
carreteras. Como no se quería restablecer el reclutamiento obligatorio y
resultaba difícil reclutar a soldados para una guerra impopular, las
tropas se han visto obligadas a participar -con una tensión tremenda- en
dos, tres o cuatro despliegues.
El Gobierno ha intentado ocultar los costos de la guerra al público. Los
grupos de veteranos han recurrido a la Ley de Libertad de Información
para averiguar el número total de heridos: 15 veces más que el de
víctimas mortales. Ya hay 52.000 veteranos de regreso a casa a los que
se ha diagnosticado el síndrome de tensión postraumática. Los Estados
Unidos van a tener que pagar indemnizaciones por invalidez al 40 por
ciento, aproximadamente, de los 1,65 millones de soldados que ya se han
desplegado y, naturalmente, la sangría seguirá mientras continúe la
guerra y la cuenta por la atención de salud e invalidez asciende ya a
más de 600.000 millones de dólares (en valor actual).
La ideología y la especulación también han desempeñado un papel en el
aumento de los costos de la guerra. Los Estados Unidos han contado
con contratistas privados, que no han resultado baratos. Un guardia
de seguridad de la empresa Blackwater Security puede costar más de 1.000
dólares al día, sin incluir el seguro de vida e invalidez, que paga el
Gobierno. Cuando la tasa de desempleo en el Iraq subió hasta el 60 por
ciento, contratar a iraquíes habría sido lo más sensato, pero los
contratistas prefirieron importar mano de obra barata del Nepal,
Filipinas y otros países.
La guerra ha tenido sólo dos vencedores: las compañías petroleras y
los contratistas para la defensa. El precio de las acciones de
Halliburton, la antigua empresa del Vicepresidente Dick Cheney, se ha
puesto por las nubes, pero incluso cuando el Gobierno recurrió cada
vez más a contratistas redujo su supervisión.
El Iraq ha cargado con el mayor costo de esta guerra mal gestionada.
La mitad de sus médicos han resultado muertos o han abandonado el país,
el desempleo representa el 25 por ciento y, cinco años después del
comienzo de la guerra, Bagdad sigue teniendo menos de ocho horas de
electricidad al día. De los 28 millones de habitantes que componen la
población total del Iraq, cuatro millones están desplazados y dos
millones han abandonado el país.
Los millares de muertes violentas han acabado desinteresando a la
mayoría de los occidentales por lo que está sucediendo: un atentado con
bomba que mata a 25 personas apenas tiene ya interés periodístico, pero
los estudios estadísticos de las tasas de mortalidad anteriores y
posteriores a la invasión revelan parte de la desalentadora realidad.
Indican muertes suplementarias desde un nivel bajo de unas 450.000 en
los 40 primeros meses de la guerra (150.000 de ellas violentas) hasta
600.000.
En vista de que tantas personas en el Iraq sufren tanto de tantas
formas, puede parecer una muestra de insensibilidad examinar los costos
económicos y puede parecer particularmente egocéntrico centrarse en los
costos económicos para los Estados Unidos, que se lanzaron a esta guerra
violando el derecho internacional, pero se trata de costos económicos
enormes y representan mucho más que desembolsos presupuestarios. El mes
próximo, explicaré cómo ha contribuido la guerra a los problemas
económicos actuales de los Estados Unidos.
Los americanos gustan de decir que no existe un
almuerzo gratuito y tampoco -hemos de añadir- una guerra gratuita. Los
EE.UU. -y el mundo- pagarán su precio durante decenios por venir.
Joseph E. Stiglitz,
Premio Nobel de economía en 2001, es profesor de Economía en la
Universidad de Columbia y coautor, junto con Linda Bilmes, de The Three
Trillion Dollar War: The True Costs of the Iraq Conflict ("La guerra de
los tres billones de dólares. Los verdaderos costos del conflicto del
Iraq"). Copyright: Project Syndicate, 2008
www.project-syndicate.org
- Artículo publicado en el semanario CONFIDENCIAL de
Nicaragua, y que nosotros
tomamos de
www.nuevamayoria.com . Gracias
a todos!