Los expertos colombianos
en seguridad cada vez son más requeridos para enfrentar la
inseguridad y el terrorismo en otros países. Ya ha 'exportado'
alrededor de 350 profesionales.
Desde los ataques suicidas del 11 de septiembre de 2001 contra las
torres gemelas en Nueva York, las principales potencias del mundo
están en jaque por la violencia, los secuestros y el terrorismo.
Colombia también, pero desde mucho antes. No en vano, el ambiente
hostil y las condiciones de riesgo del país, producto de varias
décadas de convivencia permanente con flagelos como el narcotráfico,
los grupos armados ilegales y la delincuencia común, han convertido
esta nación en una verdadera potencia de la seguridad privada.
El terrorismo ha demostrado a la comunidad
internacional que hasta la fuerza pública de los países más poderosos
es insuficiente para combatirlo, y que garantizar un estándar mínimo
de seguridad en cualquier lugar, ante esta nueva e impredecible
modalidad de guerra, requiere la colaboración y coordinación
permanente entre agentes públicos y privados. Al fin de cuentas, la
razón de ser de la seguridad privada es la prevención, y esa es
precisamente la mejor herramienta para frustrar el número creciente de
atentados que hoy padece la población del mundo.
En ese contexto, la experiencia colombiana
-pública y privada- ha venido ganando tanto reconocimiento y
valorización, que los cálculos menos optimistas del sector estiman que
alrededor de 350 especialistas en seguridad privada del país ya
trabajan en el exterior, con ingresos por persona que en promedio
oscilan -haciendo el cambio a pesos- entre $14 millones y $30 millones
al mes. "Las propias multinacionales estadounidenses piden consultores
de Colombia y, de hecho, este país es hoy uno de los mayores
proveedores externos de gente para seguridad privada en Iraq, España,
Venezuela, México y Francia", confirma Rubén Fajardo, de la Asociación
Mexicana de Especialistas en Seguridad Integral.
Aunque no hay cifras concretas al respecto, los expertos colombianos
en seguridad son muy apetecidos.
"Las empresas del sector crecieron al
tiempo con el terrorismo y esa es una ventaja comparativa de nuestros
profesionales con respecto a los de otros países. Nosotros hemos
evitado muchos ataques terroristas y secuestros", asegura Jaime
Higuera, presidente ejecutivo de la Asociación Nacional de Seguridad
Privada (Andevip). Por esa razón, Bogotá fue elegida en 2003 como sede
del Primer Congreso Latinoamericano de Seguridad Privada, el cual
convocó en aquella época a 60 empresas internacionales. "Vinimos a
aprender de ustedes, nos decían", recuerda Jaime Higuera, de Andevip.
El know how del país es codiciado en todos
los niveles. Incluso, por estos días, España tramita una modificación
a su legislación para que el déficit de 7.000 guardas de seguridad que
hoy padece, lo cubran colombianos. Hasta ahora, la ley española -como
en casi todos los países del mundo- solo permite prestar los servicios
de seguridad privada a sus nacionales, pero el parágrafo en cuestión
permitiría emplear personal de otras nacionalidades siempre y cuando
haya un convenio de cooperación entre España y el otro país, el cual
firmaron recientemente la Federación Española de Seguridad (FES) y su
similar de Colombia, Andevip.
"Ellos confían en que nuestra 'malicia
indígena' sea su mejor medicina para combatir el incremento de la
delincuencia común en sus ciudades", anota un especialista del sector.
El impacto de esta probable 'exportación' es significativo, pues cada
persona -pagada por horas- podría recibir al mes entre 2.500 y 3.000
euros. Es decir, multiplicado por los 7.000 guardas que requieren,
significaría una facturación entre todos de 210 a 252 millones de
euros al año.
Oportunidades más seguras
Pero más allá de posibilidades coyunturales como la
española, en materia de seguridad lo que pide ahora el mundo es
profesionalismo a toda prueba. No en vano, los especialistas son
contratados para enfrentar y derrotar enemigos de altísima
peligrosidad y recursos. Así que la ventaja colombiana muy pronto
dejará de estar en su experiencia y 'malicia' -en la medida en que los
demás países la acumulen también, por enfrentar día a día al
terrorismo y a la delincuencia organizada- y pasará al terreno del
conocimiento y el nivel de capacitación de su talento humano.
"Yo acabo de llegar de Iraq, adonde fui
como especialista contratista en seguridad, requerido por empresas
británicas y estadounidenses. Ellos necesitaban un experto que
capacitara a su gente y les enseñara cómo actuar en casos extremos. Mi
labor durante los 7 meses que estuve consistió en dar una visión
estratégica a los departamentos de seguridad de estas compañías. A
eso vamos allá los colombianos, en calidad de consultores; no como
mercenarios, como han dicho algunos medios de comunicación del país",
aclara un asesor en seguridad privada colombiano que prefirió mantener
su nombre en reserva.
Para trabajar en Iraq es obligatorio
hablar inglés o árabe; tener preferiblemente una experiencia que
incluya el paso por las fuerzas armadas del país, y certificar los
conocimientos mínimos que garanticen una asesoría proporcional a su
costo. "Allá uno gana casi 15 veces más de lo que recibe acá y en
ocasiones, hasta 31 veces más, según la especialidad y la
experiencia", agrega el consultor internacional.
La demanda por nuestros especialistas es
global. "A mí me han ofrecido, como persona natural, ser jefe de
seguridad de un organismo gubernamental en Estados Unidos y sé que el
jefe de seguridad de Bimbo en su casa matriz es un colombiano", anota
Raúl Muriel, gerente general de Cosinte, empresa asesora y consultora
en seguridad privada.
Los expertos colombianos están conscientes
de la necesidad de profesionalizar su actividad para no perder
competitividad en el mercado global. "Más que tecnologías, las
metodologías del país han hecho la diferencia. Después de Estados
Unidos, Colombia es tal vez el país que más expertos asesores de
seguridad tiene; pero además, es uno de los que más variedad ofrece en
estudios gerenciales especializados", asegura el coronel Luis Enrique
La Rotta, presidente del capítulo de ASIS Colombia, entidad filial de
la organización internacional más reconocida en seguridad corporativa
del mundo, y gerente general de Sicurex, empresa de capacitación en
seguridad, y de Isvi, de soluciones integrales de protección.
La máxima certificación global que existe
para los profesionales de la seguridad es el CPP (Certified Protection
Professional), que otorga ASIS International. Hace 4 años 10
colombianos la ostentaban, hoy la tienen 43. "Proporcionalmente, somos
de los que más CPP aportan al mundo y a la vuelta de 2 años pienso que
duplicaremos el número actual", asegura Ricardo Felipe Quintero,
gerente del Grupo Atlas.
"Sin duda, Colombia es uno de los pocos
países donde la seguridad privada realmente se ha profesionalizado",
agrega Carlos Mario Restrepo, gerente regional zona centro de la
multinacional Wackenhut. "En seguridad aeroportuaria, por ejemplo,
hemos sido pioneros en el control de carga. Por eso de Venezuela,
Ecuador y Perú acuden muchísimo a nuestro conocimiento", finaliza el
coronel Álvaro Bonilla, gerente de la empresa especializada Colpryst.
Inteligencia empresarial
La capacitación se ha vuelto un elemento crítico en el
negocio y Colombia, un centro de enseñanza para la región. "Uno de los
productos que más vienen a buscar al país es la preparación de
personal de protección para funcionarios y directivos", asegura el
coronel Luis Enrique La Rotta. "Precisamente, en unas semanas, la
Academia de Vigilancia Privada (Adevip) capacitará 50 escoltas
procedentes de Ciudad de México", comenta Jaime Higuera, de Andevip.
Las áreas de enseñanza colombiana son tan
amplias como diversas, debido a que el profesional de la seguridad en
el país es multifacético (enfrenta innumerables facetas del delito) y,
de hecho, ha acumulado conocimientos muy específicos que le permiten
tener un criterio más claro para evaluar cualquier riesgo.
Esta característica genera hoy dos claras
oportunidades para los expertos criollos: la primera, porque su
prestigio y conocimiento los puede convertir en 'capacitadores' por
excelencia de la región y la segunda, porque su perfil profesional se
amolda perfectamente a los nuevos requerimientos de las grandes
multinacionales en todo el mundo. "La seguridad física o humana será
sustituida tarde o temprano, en un alto porcentaje, por la
electrónica; así que el futuro de este negocio va más allá, y está
justo donde Colombia es potencia: la inteligencia empresarial o
consulting", prevé Raúl Muriel, de Cosinte.
"Ahora el departamento de seguridad está
involucrado en los procesos de selección de personal de las
organizaciones y revisa antecedentes, documentos, hace una validación
pormenorizada de datos y referencias, y hasta hace visitas
domiciliarias para garantizar la confiabilidad de los nuevos
empleados", explica Jaime Higuera, presidente ejecutivo de Andevip.
"Ya el hombre de seguridad está sentado en la junta directiva de la
compañía y participa en su plan estratégico", agrega Carlos Mario
Restrepo, de Wackenhut.
Las empresas colombianas también han
comenzado a buscar mercado en el exterior, en la medida en que las
legislaciones de los países lo permitan, como una manera de combatir
sus bajos márgenes -producto de la alta piratería e informalidad en el
negocio- y la imposibilidad legal actual de recibir inversión
extranjera. "La seguridad en Colombia no es tan rentable como en otros
países. Por eso, estamos incursionando en los mercados de Perú,
Venezuela y Ecuador, donde buscaremos entrar ya sea con franquicias o
por medio de socios. Y estamos seguros de que no somos los únicos en
ese proceso de internacionalización", afirma Ricardo Felipe Quintero,
del Grupo Atlas.
El mercado de la
seguridad privada en el país mueve alrededor de $2,9 billones; exporta
-además de expertos- chalecos antibalas, carros blindados y software
nacional para control de acceso e identificación de personas, entre
otros productos o servicios; emplea 200.000 personas directas (entre
vigilantes y escoltas), en comparación con las 188.000 del Ejército y
115.000 de la Policía, y está compuesto por 588 empresas de
vigilancia; 1.423 departamentos de seguridad; 7 transportadores de
valores; 477 asesores, consultores e investigadores; 33 departamentos
de capacitación; 22 empresas asesoras; 28 blindadoras, y 51 escuelas
de capacitación. El sector tiene razones de peso para estar en
guardia, mirando las oportunidades crecientes del exterior.
Este artículo,
originalmente publicado por la revista "Dinero" en su Edicion 235 del
9 de agosto de 2005, nos fue enviado Por Jaime Higuera Serrano (
andevipbog@yahoo.com
) , Presidente Ejecutivo de ANDEVIP. Gracias,
Jaime y Colega de Dinero!)