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Escudos de libertad y democracia
La tarea de los escoltas aún no es suficientemente valorada por las instituciones españolas



Lleva casi dos décadas tirando las llaves al suelo antes de arrancar su coche. «Los malos» acechan y todo disimulo es poco. El ritual siempre es el mismo: salir a la calle, mirar a un lado y a otro y, sin vacilar, hincar la rodilla en tierra para revisar los bajos del vehículo. El 9 de octubre de 2007 el rito volvió a repetirse, el escolta tomó todas las precauciones necesarias. No bastaron.

«ETA fue a buscar el fallo» y lo encontró. Gabriel Giner fue el primer escolta que sufrió las consecuencias de ser objetivo de ETA. Está vivo, sigue velando por la vida de sus protegidos y asegura que no le debe nada a la suerte. La formación que reciben los escoltas destinados al País Vasco le salvó la vida.

ETA fijó su mirada en el colectivo de los escoltas a principios de 2003, cuando, a través de su Boletín Oficial –Zutabe 100–, aseguró que estos «serán objetivo de las acciones» terroristas. Hoy, según la Asociación Española de Escoltas (ASES), son casi 2.000 los que trabajan en el País Vasco. Este número supera ampliamente los efectivos de la Policía Nacional destinados a la lucha antiterrorista en Euskadi, cifrados en 500. El fin de la tregua, la construcción del Tren de Alta Velocidad (TAV) y el cambio de Gobierno han disparado la demanda de protección privada.

Giner es miembro de ASES, una entidad que nació hace 15 años para «definir y elaborar planes de formación» que mejorasen la preparación del colectivo. Se ha desplazado a un establecimiento del casco viejo de Pamplona. Hace año y medio el fuego abrasó parcialmente su rostro. Hoy, sin embargo, a este hombre de 38 años le sobra arrojo para dar la cara por su profesión. Sabe que su testimonio cuenta porque fue el primer escolta en sufrir un ataque directo de ETA. Por ello, quiere poner voz a las demandas de sus compañeros.

No viene sólo. Tres escoltas, tres amigos, le acompañan. Todos van armados. Giner asegura que, hoy por hoy, los compañeros que ejercen en el País Vasco no tienen el reconocimiento que se merecen. «Cuando sufrí el atentado, salió mi nombre, mis apellidos y mi cara; eso no hubiera pasado con un Policía», dice.

Con voz firme, asevera que la figura del matón, del mercenario, es la que prima. Apunta que son muchos los que se dirigen a Euskadi en busca de dinero y nada más. «Pero este trabajo es vocacional; dejas de tener vida para vivir la del protegido», señala. Tras las explicaciones de Giner, A., uno de los escoltas que le acompaña, deja a un lado su silencio e interviene: «Te formas toda la vida para tres segundos». Giner no tuvo tanto tiempo cuando ETA intentó matarle hace año y medio.

«No fueron a por el concejal, me habían estado vigilando», apunta. El escolta destaca que el instinto le salvo la vida, un instinto curtido y educado durante años. «Las posibilidades que tienes de salir del coche dependen de la primera explosión; yo salvé la vida porque siempre llevo el depósito lleno. La gasolina arde y el gas explota, un depósito vacío explota; uno lleno, arde», argumenta. Tras la descarga, Giner supo qué hacer: «No respirar ni gritar, quitarme el cinturón y salir rodando del vehículo».

Diego Miranda dirige el Área Internacional de ASES. Conoce a Giner desde hace años y asegura que «Gabi está aquí hoy porque tenía interiorizado que podía sufrir un atentado». Miranda asegura que los escoltas se han curtido a base de «trabajar y reciclarse». «Lo importante es la formación continua, ETA también innova y se recicla para joderte», expone.

El dirigente de ASES habla despacio, no quiere que se malinterprete nada de lo que dice. Se juega la vida todos los días y busca un reconocimiento negado de antemano por las instituciones y por la sociedad vasca. «Tan mal no lo estaremos haciendo, hemos erradicado el tiro en la nuca», dice.

Un escolta en Euskadi comienza a trabajar una hora antes que su protegido. El primer paso es la contra-vigilancia. La calle debe estar asegurada y eso implica clavar los ojos en papeleras, coches, caras, manos… todo. «Tienes que ser consciente de que te están observando; en el País Vasco te colocan cebos para ver cómo actúas», destaca Miranda.

El directivo, sentado junto a Giner, aduce que se toman su trabajo muy en serio. Son sombras. Buscan controlarlo todo pasando desapercibidos. Lo logran y Miranda lo demuestra: «Date la vuelta, ¿ves a aquel chico del fondo, el que está sentado en el banco leyendo el periódico? ¿Y a ese otro que va caminando? Los dos son compañeros».

Rutinas, itinerarios, protocolos de actuación… Los escoltas están acostumbrados a ello. La ‘Y’ vasca, sin embargo, ha provocado que empresarios e ingenieros involucrados en la construcción del TAV se vean obligados a optar por la seguridad que proporciona un escolta privado. Según ASES, en septiembre aumentará el número de escoltas a consecuencia de la demanda de personas relacionada con la ‘Y’ vasca.

Miranda destaca que, además de cubrir la seguridad de empresarios e ingenieros relacionados con la construcción del TAV, también custodian al 85% de los cargos públicos en Euskadi. Sin embargo, según el dirigente, su labor no esta suficientemente valorada por las instituciones.
Actualmente, el Escolta Privado está concebido como una especialidad a la que puede optar el vigilante de seguridad. El colectivo no tiene derecho a huelga y desconoce qué es un horario. Las jornadas laborales pueden llegar hasta las 18 horas.

En este sentido, en ASES afirman que hay métodos que podrían mejorar la seguridad de los protegidos. El intercambio de información entre las Fuerzas de Seguridad y los Escoltas Privados brilla por su ausencia. «Si tuviéramos acceso a más información, recuperaríamos parte de los coches robados en el País Vasco; tienen que saber que recuperamos muchos coches que luego ponemos a disposición de la policía», afirma Miranda.

La posibilidad de portar armas durante las 24 horas es otro de los caballos de batalla de ASES. Son muchos los escoltas que padecen el acoso del terrorismo de baja intensidad. «Hace cuatro días le desatornillaron las ruedas a un compañero y tuvo un accidente», expone Miranda. En ASES defienden que un arma es «como un vigilante en un banco, eso si, si le quitas a ese VS el arma, ¿Cuánto tardarían en atracar ese banco?

Insultos, vejaciones. ataques de kale borroka contra vehículos, amenazas… Este es el día a día de un escolta en el País Vasco.

 

Pero, ¿quién defiende al escolta? Nadie. Lo único que les queda es seguir formándose para blindar sus cuerpos de posibles situaciones de riesgo. Giner y Miranda son dos escoltas con nombre y apellido que reclaman sus derechos a cara descubierta.

 

El resto, sin embargo, permanece en el anonimato esperando que algún día llegue el reconocimiento. Hasta entonces, seguirán siendo «escudos de libertad y democracia».


Material enviado por Diego Miranda, Delegado de ASES para Aragón y Director del Área Internacional de ASES - Asociación Española de Escoltas ( internacional@escoltas.net , www.escoltas.net ) Gracias, Diego y Colegas de ASES!



Este artículo ha sido publicado en http://www.forodeseguridad.com/artic/reflex/8110.htm
 

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