Por
Edgardo Frigo
Las nuevas reglas económicas están cambiando rápidamente las formas de
la competencia empresaria. Los mercados son riesgosos e inciertos, los
cambios son cada vez más rápidos, la competencia global baja precios y
márgenes de ganancia. Hasta hace pocos años era posible adelantarse a
los cambios y preverlos. Hoy, el cambio es continuo, y requiere
capacidad de diagnóstico permanente.
El precio y calidad del producto, y la investigación y satisfacción de
las necesidades de los clientes son los determinantes de que podamos
vender lo que producimos. Desde la percepción de los clientes, todos los
productos parecen iguales. Las diferencias tecnológicas van perdiendo
relevancia, o son copiadas rápidamente.
Las empresas se ven obligadas a mejorar continuamente sus productos, a
disminuir sus gastos, y a satisfacer mejor a sus clientes. Aprenden a
desarrollar mejores estrategias, y a buscar nuevas ventajas para
competir. Se busca mayor eficiencia, menores costos, calidad total. La
pirámide de jerarquías se achata, y las estructuras se redefinen creando
posiciones con responsabilidades más amplias.
LA ERA DE LA INFORMACIÓN
Alvin Toffler señala que estamos en la era de la información, que
presenta varias características distintivas:
• Globalización de los mercados
• Importancia de la información y el conocimiento
• Importancia de las habilidades y destrezas de los trabajadores como
factor clave de la competencia
• Cambios en los valores personales de los trabajadores
• Escasez aguda de trabajadores muy entrenados
• Continuo cambio tecnológico que obliga a las personas que trabajan a
aprender continuamente nuevas técnicas
• Continuo abandono de tecnologías conocidas que daban al trabajador
tranquilidad y estabilidad laboral
• Gran cantidad de acuerdos de colaboración empresaria de distintos
tipos (fusiones, joint ventures, UTEs y otros) que exponen a las
personas que trabajan a continuos choques entre distintas culturas
empresarias.
LOS NUEVOS PUESTOS DE TRABAJO
En este contexto de cambio permanente, en el que los sectores se
concentran y se vuelven más capital intensivos, paradójicamente las
personas que trabajan en las empresas se han vuelto su activo más
valioso, y su mayor fuente de ventaja competitiva.
Los nuevos puestos de trabajo requieren nuevas cualidades. Se necesita
un entrenamiento más amplio para poder trabajar en equipo, desempeñar
funciones interdisciplinarias y menos acotadas a la especialidad
original.
Las empresas, entonces, invierten mas recursos para seleccionar,
capacitar motivar y retener a su personal. Comprenden que no hay
estrategia posible a largo plazo, sin gente idónea que la lleve a cabo,
y que la rentabilidad proviene de la calidad del desempeño de la gente.
El buen desempeño se traduce en productos y servicios de calidad, alta
productividad, e innovaciones permanentes que permiten competir y
obtener ganancias.
EL CONCEPTO DE EMPLEABILIDAD
Muchos trabajadores tienen un ideal de trabajo, y de ambiente laboral, y
la realidad de la empresa les demanda exigencias diferentes, y mayores.
En este marco, el concepto de "empleabilidad" se vuelve decisivo.
Hoy para un trabajador es más importante su capacidad de ser
empleable, que su trabajo actual. Como dice Aquino, "el fantasma de
la marginalidad laboral tiene más peso que el quedarse sin empleo en una
organización concreta".
Un trabajador será tanto más "empleable", cuanto más haya mejorado
sus aptitudes, y preparado para desarrollar su potencial. A su vez,
la empresa necesita personal entrenado. Cuando realiza actividades de
capacitación y aumenta su productividad, satisface también las demandas
de entrenamiento de su personal, volviéndolo más empleable.
Hoy no es viable ningún negocio sin una estrategia muy clara. Las
estrategias, a su vez, no sirven de nada si no se cuenta con personal
adecuado para concretarlas.
Cualquiera sea la estrategia que una organización elija para competir,
deberá definir el perfil de los recursos humanos que necesitará para
materializarla. Sin conocimientos y sin información, no es posible tener
creatividad e innovación. Y no será posible responder a las demandas de
los Clientes, ni a la rivalidad del mercado.
Hablamos de "desarrollar el potencial" de la gente. Desde un punto de
vista de empresa, el potencial de un colaborador es su capacidad de
asumir tareas de mayor complejidad o nivel, o mantener su tarea actual
evolucionando junto con la tecnología y demás variables del negocio.
Aquí toman su
verdadera importancia la capacitación específica para una tarea, y el
desarrollo de recursos humanos a largo plazo, herramientas concretas
para aumentar la capacidad, creatividad y productividad de cada
integrante de la empresa.
Personas y empresas están comenzando a asumir en forma conjunta la
responsabilidad tanto de la productividad de la empresa, como de la
empleabilidad de la persona.
Son dos caras
de la misma moneda: la mayor competitividad de la empresa está
fuertemente ligada a la competencia profesional de sus colaboradores,
que se relaciona directamente con su empleabilidad.
Si ambos no trabajan en conjunto, la empresa no
podrá competir con sus rivales y perderá mercado; y el trabajador estará
destinado a la marginalidad laboral.