|
|
Cualquiera de
nosotros puede ser un lider
Por Teresa Genesin
“Cualquier persona, de
cualquier edad y en cualesquiera circunstancias, puede transformarse a
sí misma, si quiere. Convertirse en el
tipo de persona que es un líder, es el acto supremo de la voluntad
libre, y si usted tiene la voluntad, encontrará el camino.”
Warren Bennis
En los últimos treinta años fue cambiando la manera de entender el
ejercicio del liderazgo. Antes, si alguien hubiese preguntado quién es
un líder, le habrían respondido: -¿Líder? ¡Existen pocos en el mundo!
Son seres privilegiados, que nacieron tocados por los hados que le
concedieron el don de liderar. Se los asociaba a los personajes que
ejercían altos cargos en el estado, la iglesia o el ejército. Se
pensaba en personas que estaban fuera del alcance cotidiano. Se
encontraban alejados del resto de los simples mortales. El aislamiento
en las comunicaciones engrandecía aún más las figuras que se
convertían en mitos. Y la mayoría sumisa, poco o nada informada, “se
dejaba liderar” por “el que tenía el saber”.
Trabajo en la temática del liderazgo desde hace algunos años. Siempre
me causa admiración, emoción y alegría constatar los logros de las
personas. Esto significa, en mi opinión, que se conocen a sí mismas y
saben lo que quieren de su vida. Por lo menos, en las áreas de la vida
en la que lograron obtener lo que querían. Ahora bien, ¿qué significa
conocerse a uno mismo? Según Bennis, significa “separar lo que uno es
y quiere ser, de lo que el mundo piensa que es y quiere que sea”.
¿Recuerda el lector la emblemática obra “Mi hijo el doctor”?
Representó, en nuestro país, un modelo de sociedad en la que el
inmigrante con pocos estudios, que venía “con una mano atrás y otra
adelante”, se realizaba a través del progreso intelectual de sus hijos
varones. El ascenso social del hijo se garantizaba obteniendo una
profesión. Pero, ¿qué libertad de elección tenían los hijos? ¿¡Cuántos
varones se recibían para darle el gusto al padre?! ¿Qué valores
incorporaban a su vida adulta? Reflexionando el contexto de la época,
la obediencia a la jerarquía, la aceptación de las decisiones de otros
“por el propio bien”, el priorizar el deseo ajeno al propio,
parecerían haber sido los valores dominantes.
Por supuesto que estamos haciendo un reduccionismo de una situación
compleja y policausal. Pero podemos reflexionar sobre los valores
generales de una época que, de alguna manera, fue marcando tendencias.
En los tiempos que corren, las jerarquías se han aplanado, las
antiguas estructuras de mando y control ya no son posibles (ni tampoco
deseables) y el conocimiento es la nueva base para el valor económico.
Un estudioso de la temática del liderazgo como Warren Bennis sostiene
que “una persona empieza a ser líder desde el momento en que resuelve
por sí misma cómo ser”. En todo caso la discusión podría centrarse en
las personas que conformamos la actual realidad. ¿Cuánto nos
conocemos, en tanto seres humanos, pensantes y hacedores, en este
momento histórico que nos ha tocado vivir?
Las organizaciones requieren de personas que las lleven adelante. ¿Qué
tipo de personas están llevando adelante nuestras organizaciones? Una
vez leí una frase que me dejó pensando: “¿Quiere saber cómo es una
organización? Observe a su líder.” Esta frase me trae a la memoria
otra frase, citada en el Antiguo Testamento: “Conócete a tí mismo y
conocerás el mundo”.
Esta interacción entre el “adentro” y el “afuera”; entre lo “interno”
y lo “externo”, es la relación que estamos proponiendo en la manera
que en la actualidad se entiende el ejercicio del liderazgo.
Evolución del concepto de liderazgo en
relación al poder
En los últimos treinta años, como dijimos, estudiosos de la conducta
aportaron otras miradas a las teorías del liderazgo. Y también
revisaron las teorías referidas al poder, porque liderazgo y poder van
de la mano.
Foucault y el poder
Uno de los grandes pensadores que aportó varias herramientas
intelectuales en el tratamiento del poder, fue Michel Foucault. Según
este intelectual, “la condición de posibilidad del poder, en todo caso
el poder de verdad que permite volver inteligible su ejercicio no debe
ser buscado en la existencia primera de un punto central, en un foco
único de soberanía del cual irradiarían formas derivadas y
descendientes. El poder es omnipresente no porque tenga el privilegio
de reagruparlo todo bajo su invencible unidad, sino porque se está
produciendo a cada instante, en todos los puntos o más bien en toda
relación de un punto con otro. El poder está en todas partes; no es
una institución, no es una estructura, no es cierta potencia de la que
algunos estarían dotados, es el nombre que se presta a una situación
estratégica compleja en una sociedad dada”.
Según Kouzes y Posner, en el mundo informático de la actualidad, la
nueva relación se describe como cliente-servidor en lugar de
amo-esclavo. El poder ha pasado a manos del pueblo: los clientes. Con
tan fácil acceso a la información, el poder se ha desplazado de
aquellos con títulos a aquellos con la tecnología y las capacidades
para usarlos. Más que ninguna otra fuerza, este desplazamiento de las
jerarquías y el movimiento que, en las organizaciones, ha corrido el
centro de gravedad del jefe poderoso a las personas acreditadas. ¿Cómo
se lidera, se preguntan Kouzes y Posner, en un mundo de
clientes-servidores, cuando las denominadas técnicas modernas de
management fueron diseñadas para manejar un mundo de amos-esclavos?
Entonces, la pregunta sería: ¿cómo se lidera en un mundo
intercomunicado?
Como ya dijimos, el liderazgo y el poder van juntos. Foucault ayudó a
pensar el poder de manera diferente. Otros profesionales, nos ayudan a
pensar el liderazgo como una temática menos distante de las personas y
más cerca de sus avatares cotidianos.
En la actualidad los que capacitamos en la temática del liderazgo
insistimos en que el liderazgo puede aprenderse. Porque el liderazgo
requiere de habilidades que implican entrenamiento más que carisma;
voluntad y deseo de aprender más que haber sido tocado con la varita
mágica.
Entonces, podemos decir que el líder se entrena. ¿Para qué?
Para influir en los demás. ¿Y qué ocurre con las personas que
reciben esa influencia? Lo siguen por propia voluntad. Por convicción.
No por imposición. Porque les despierta ganas de hacerlo. Por su
propio deseo.
Por eso hoy entendemos que el líder cumple una función relacional:
al influir en los demás logra seguidores, y éstos lo siguen por propia
voluntad. Sin seguidores no hay líder. Como la palabra “seguidores”
puede causar cierto escozor, Kouzes y Posner prefieren hablar de
“poderdantes”.
La idea de que la capacidad de conducción no puede aprenderse es un
impedimento mucho más poderoso del desarrollo que la naturaleza misma
del liderazgo. Si existe una lección que puede extraerse de todos los
casos que hemos reunido es ésta: el liderazgo es asunto de todos.
Gerentes versus líderes
En su brillante libro On Becoming a Leader, Warren Bennis asegura que
los líderes “dominan el contexto” en lugar de someterse a él, y
establece las siguientes diferencias entre managers y líderes:
- El manager administra; el líder innova.
- El manager es una copia; el líder es original.
- El manager se concentra en los sistemas y las estructuras; el líder
se concentra en la gente.
- El manager se centra en el control; el líder inspira confianza.
- El manager tiene una visión de corto plazo; el líder, una
perspectiva a largo plazo.
- El manager formula la pregunta cómo; el líder, qué y por qué.
- El manager dirige su mirada a la línea de base; el líder, al
horizonte.
- El manager imita; el líder crea.
- El manager acepta el statu quo; el líder lo desafía.
- El manager es el clásico buen soldado; el líder es él mismo.
- El manager hace las cosas bien; el líder hace lo correcto (Bennis,
1989).
Podemos agregar que a los gerentes se les designa. Su capacidad para
influir se basa en la autoridad formal inherente a sus posiciones. En
cambio, los líderes pueden designarse o surgir del grupo. Los líderes
pueden influir en otros para que se desempeñen más allá de las
acciones dictadas por la autoridad formal.
No necesariamente todos los líderes son gerentes. Porque no
necesariamente todos los líderes tienen o quieren adquirir las
capacidades o las habilidades en otras funciones gerenciales y por
tanto, no todos deben ocupar puestos gerenciales.
¿Todos los gerentes deben ser líderes? Esta pregunta genera
discusión entre los autores.
Para Robbins todos los gerentes idealmente deberían ser
líderes. Para Nanus un buen gerente puede ser un gran líder al mismo
tiempo. Pero, aclara que las tareas y las funciones de los líderes son
diferentes de las de los managers, como también lo son sus
perspectivas, aptitudes, evaluaciones del éxito y funciones dentro de
la organización. (Nanus, 1992).
¿Qué espera la gente en los albores del siglo
XXI de la persona del líder?
En primer lugar, HONESTIDAD. En esto coinciden personas de las más
diversas extracciones sociales y culturales. Esta cualidad despierta
espontáneamente adhesión. Si se la combina con innovación, progreso y
competencia, genera admiración en la persona del líder y deseos de
seguirlo.
Y nosotros, ¿qué esperamos de nuestros líderes? ¿En quiénes
pensamos cuando pensamos en líderes? Quizá
nuestra sociedad pueda aceptar el desafío de construir, desde sus
entrañas, personas que reflejen en el ejercicio cotidiano de su
liderazgo, los valores que queremos nos representen como sociedad.
Estimado Colega,
Si usted desea más información sobre el tema, comuníquese con la
autora de este artículo, en
genes@abaconet.com.ar
|
Teresa Genesin, especialista en Recursos
Humanos, es Profesora universitaria de Grado y Postgrado,
especialista en capacitación de directivos y conferencista y autora
de numerosas contribuciones en su especialidad. (
Vea una síntesis de su experiencia
). Gracias, Teresa! |
|